lunes, setiembre 03, 2007

Fundaciones en el estrecho de Magallanes

Corría el año 1581. En América hacía un año que se había fundado Buenos Aires por segunda vez y ocho años desde las fundaciones de Córdoba y Santa Fe. Eran las ciudades, en realidad pueblitos, más importan-tes y más al sur de la colonización española por estos pagos. Sin embargo, el rey Felipe II de España creyó conve-niente fundar una serie de fuertes y ciudades a casi dos mil doscientos kilómetros de Buenos Aires hacia el sur, en el estrecho de Magallanes. Como sabrán esa zona es muy fría ahora, pero en esa época lo era más todavía, y estaba totalmente aislada y alejada de toda ayuda posible. Esas circunstancias no importaron ni preocuparon a los españo-les, que habían tolerado lo intolerable, y menos al rey Felipe II, quien vivía tranquilo en su gran palacio sin pasar necesidades.

El propulsor de esta idea de colonizar el estrecho de Magallanes fue Sarmiento de Gamboa, quien ya había explorado el estrecho en una ocasión, y creía que había que proteger ese paso de los corsarios ingleses, como Francis Drake, el cual le había dado más de un dolor de cabeza a las colonias españolas. El Real Consejo y el Consejo de Indias avalaron el proyecto de Gamboa.

Organización

En España hasta los expertos militares tomaron partido; diseñaron los fuertes que se iban a construir y se hicieron planos para emplazar una fortaleza a cada lado del estrecho en su parte más angosta. El sistema defensivo se iba a completar con una inmensa cadena de madera "con tablazones gruesas y fuertes de hierro", tendida de lado a lado del estrecho, detrás de la cual maniobrarían seis barcazas chatas y bajas. Se ocuparon sobremanera de todos los planes, menos de pensar cómo sobrevivirían en semejante soledad, ya que no estaba preparados ni acostumbra-dos, como los onas y tehuelches que habitaban la zona.

Se designó General de la Armada a un español bastante oportunista y cobarde, llamado Diego Flores de Valdés. Sarmiento de Gamboa fue designado “Capitán General del Estrecho de Magallanes y Gobernador de lo que en él se poblare". No tendría poder sino hasta llegar y desembarcar en el estrecho.

Como ya dijimos, los preparativos fueron muy importantes ya que era una de las expediciones más significativas que habían salido de España. Pero ya de entrada las cosas funcionaron mal; detrás de las órdenes del Rey se tejió una trama de traficantes que realizaron más de un negociado con esta empresa.

Gamboa, no pudiendo hacer nada contra este desorden, se ocupó personalmente de conseguir a los pobladores; trescientos cincuenta que fueron cuidadosamente seleccionados. Había de todo: diez frailes franciscanos, albañiles, carpinteros, herreros y pedreros, criados, peluqueros y trompeteros. Muchos iban con su mujer y sus hi-jos. Los niños sumaban veintiocho.

La partida

La expedición partió el 25 de septiembre de 1581 desde Sanlúcar de Barrameda. Eran veintitrés navíos que llevaban a más de tres mil personas; entre ellas seiscientos soldados que iban a Chile con su nuevo gobernador, Álvaro de Sotomayor, trescientos cincuenta pobladores y seiscientos setenta marineros que junto con el resto constituían la guarnición militar para las fortalezas del estrecho. La escuadra iba muy bien armada y abastecida.

Ya al partir los azotó un temporal que los obligó a volver a Cádiz. Perdieron cuatro barcos y tres que quedaron a la miseria fueron abandonados. Dos meses después, el 9 de diciembre, vuelven a partir; esta vez con dieci-séis barcos. El 9 de enero de 1582 hacen escala en las islas de Cabo Verde, frente al África. Los maestres y otros, con el aval de Flores, venden gran parte de los alimentos de la armada, vino, pólvora, lonas y ropa. Un desastre. Finalmente dejan las islas y cruzan el Atlántico. Llegan a Río de Janeiro el 25 de marzo de 1582. En ese momento el Brasil era una posesión española, ya que Felipe II había unido los reinos de España y Portugal.

Durante la travesía se perdieron ciento cincuenta hombres por diversas enfermedades, y en Río de Janeiro murieron doscientos más. En este puerto continuaron los negociados y el tráfico, lo que culminó con la partida de la flota el 2 de noviembre. En el viaje hasta el Río de la Plata tuvieron temporales y fueron atacados por corsarios; sólo quedaron ocho naves. Entre las que se perdieron estaba la Proveedora, que, como su nombre lo indica, era el barco almacén. Entonces decidieron volver atrás para arreglar las naves, enfilaron hacia Santa Catalina, y allí permanecieron hasta el 7 de enero de 1583, fecha en que partieron nuevamente hacia el sur. El 19 de enero desembarcó el Gobernador de Chile con sus soldados en el Río de la Plata.

La escuadra más imponente jamás salida de España llegó al estrecho el 17 de febrero de 1583 con sólo cinco naves de las veintitrés que habían salido de España. Los vientos contrarios impedían la entrada al estrecho; lo intentaron durante varios días, entrando y volviendo a salir por culpa de los vientos y las mareas. El general Flores, cansado de semejante situación, decidió dar media vuelta y volver, ante el desconcertado Gamboa.

Discordias

En mayo llegaron otra vez a Río de Janeiro, y ahí se dividieron en dos bandos: Flores de Valdés decidió volver a España, mientras que Sarmiento de Gamboa se decidió a cumplir su misión.
Gamboa preparó su expedición durante todo el invierno, y partió el 2 de diciembre otra vez hacia el estrecho, esta vez decidido a fundar los asentamientos que crecieran en la mente de Felipe II. El 1º de febrero de 1584 llegaron al estrecho, aunque sólo pudieron desembarcar el día 7, debido a los vientos. Tomaron posesión de los territorios, y procedieron a buscar un buen lugar donde fundar una ciudad.

Primera fundación

El 11 de febrero de 1584 funda la ciudad de Nombre de Jesús. Estaba cerca del Cabo Vírgenes, la punta sudeste del continente. Todos los pobladores estaban presentes. Daban una imagen deprimente. Casi todos estaban descalzos y la mayor parte sin camisas y con la poca ropa que tenían hecha harapos. Eran unos trescientos.

Los días siguientes a la fundación se hizo el trazado de la ciudad. Se distribuyeron los terrenos entre los pobladores, los cuales comenzaron a levantar sus casas. Y por supuesto, se instituyeron las autoridades de la ciudad: el Cabildo, Regidores, Procurador, Ejecutor, Escribano y Alguacil Mayor.

Como si hubieran sido pocos los problemas sufridos, el almirante Diego de la Ribera se volvió a España sin siquiera avisar a los que estaban en tierra. Dejó sólo una nave, a la cual previamente despojó de su carga y hasta de clavos y candados, para los pobres ciento setenta y siete soldados, cuarenta y ocho marineros, dos frailes, cincuenta y ocho pobladores, trece mujeres y diez niños, más algunos peones que todos juntos constituían a la población. En total eran trescientas treinta y ocho personas. Todas ellas más las que murieron o escaparon en el viaje iban a de-pender de la ayuda exterior para sobrevivir en un lugar tan alejado e inaccesible, pero fueron abandonados a sus propios recursos. Con sólo un barco no podían hacer mucho.

Gamboa alentó a los pobladores para que construyeran viviendas sólidas, araran la tierra y sembraran granos y hortalizas. Con un optimismo que enternece, plantaron membrillos, parras y jengibres. Emplazaron algunos cañones para defenderse de ataques indígenas.

Segunda fundación

Estando en tan malas condiciones y con tanta desventaja, a Gamboa, sin embargo, se le ocurrió la loca idea de fundar otra ciudad a casi doscientos kilómetros, en la Segunda Angostura del Estrecho, cerca de la actual Punta Arenas (fundada en 1849). Eligió a los noventa hombres más robustos y enfiló hacia la Segunda Angostura por tierra; mientras la María, la única nave que tenía, iba por mar para encontrarse allá.

La marcha fue sumamente penosa, no tenían ya calzados y sus ropas eran harapos; para colmo de males fueron atacados por los indígenas. Muchos murieron en el camino, o simplemente desaparecían. Otros tantos se dejaban caer para morir y así poder huir de tanto suplicio. Pero Gamboa los arengó contándoles historias de grandes conquistadores como Cortéz y Pizarro. Finalmente llegaron y se encontraron con sus compañeros del barco.

El 25 de marzo de 1584 se funda la segunda población, a la que se llamó Ciudad del Rey don Felipe. Era un muy buen lugar, ya que tenía abundante agua y bosque; allí tendría que haberse fundado una única población. Se realizaron las mismas tareas que en la anterior ciudad. Se levantó un buen poblado, con la gran cantidad de madera que había en el lugar, material que no existía en Nombre de Jesús. Hubo sublevaciones e intentos de huir a Chile, pero fueron aplastados por Gamboa.

Todo listo

Finalmente a fines de mayo, Gamboa decidió partir hacia Nombre de Jesús para ver cómo andaban las cosas por allá. Fue por mar con la única nave que tenía. Al llegar sólo tuvo tiempo de enviar información y algunas instrucciones, ya que al cortarse el ancla, la nave fue expulsada por los vientos hacia el Atlántico. Los vientos eran tan fuertes y contrarios, y el barco estaba en tan malas condiciones, que desistieron de entrar en el estrecho y partieron al Brasil en busca de ayuda y provisiones. Pero Gamboa no sabía que le esperaba una gran racha de mala suer-te. Los barcos que envía desde el Brasil al estrecho naufragan en la costa brasileña. Ya sin dinero decide partir a España. Como si fuera poco, en el viaje es capturado por unos corsarios ingleses y nunca más volvería al estrecho. Sólo lo liberarían en 1590; él mismo tuvo que pagarse el rescate.

Abandonados

¿Qué pasó con la gente del estrecho? Nadie más se preocupó por ellos. Al pobre Gamboa no le prestaron atención en España luego de su largo cautiverio en cárceles inglesas, y lo hicieron olvidarse de los pobres pobladores. Nadie partió en su ayuda ni siquiera un pequeño barco. Si no fuera por dos corsarios ingleses que pasaron por el estrecho, no se sabría nada sobre esa pobre gente.

Los únicos relatos que nos refieren lo sucedido en esas ciudades hasta su desaparición son los de dos corsarios ingleses y el de Tomé Hernández, sobreviviente rescatado por uno de ellos, que cuenta en 1620 su historia frente a la corte de Lima.

En Nombre de Jesús, cuando partió Gamboa en mayo de 1584, había ciento noventa y tres personas al mando de Andrés de Biedma, y unos cien, en Rey Don Felipe al mando de Juan Suárez de Quiroga. Los pobres estaban descalzos y casi desnudos. No tenían para comer más que mariscos y algunos frutos silvestres; sin quererlo se habían convertido en otros indígenas más, pero que con menos experiencia que éstos para sobrevivir en tales condiciones.

Tres años más tarde, el 6 de enero de 1587, llegó al estrecho una flota corsaria inglesa al mando de Thomas Cavendish. Los pobladores ya no estaban en las ciudades, sino que se habían esparcido por la costa para poder tener mejor acceso a la pesca. Estos corsarios encontraron a dieciséis españoles. Según uno de ellos, Hernando, los demás habrían muerto de hambre. Tres españoles suben a bordo, los otros son temerosos del enemigo inglés. Tomé es uno de los que sube. Más tarde los otros dos bajan a tierra con la misión de traer a todos los sobrevivientes, ya que los ingleses se ofrecen a salvarlos; pero repentinamente, al soplar un viento favorable, los ingleses deciden partir y dejan a los pobres sobrevivientes en tierra, llevándose a Tomé Hernández. Quedaban doce hombres y tres mujeres.

El día 9 de enero los ingleses desembarcan en la ciudad Rey don Felipe, donde roban las piezas de artillería. Cavendish rebautizó a la ciudad como Port Famine o Puerto Hambre. Los cadáveres de los españoles eran los únicos pobladores, hasta quedaban tres colgados de la horca, ajusticiados quién sabe por qué. Luego llegan a la costa de Chile, donde el español logra escaparse, y puede contar su historia.

En 1590 pasa por el estrecho el corsario inglés Andrew Merrick. Encuentra a un solo español, totalmente loco. Hacía dos años que vivía solo, en una casa y con un arcabuz. Aunque murió en el desastroso viaje de vuelta a Inglaterra, era el último sobreviviente de los trescientos treinta y ocho que habían desembarcado seis años antes con la intención de fundar dos ciudades que protegieran el estrecho de los corsarios ingleses.

Gracias a Tomé Hernández y a los corsarios ingleses, se supo cómo los pobres pobladores del estrecho padecieron el frío, el hambre, los ataques indígenas… y el abandono.

Para saber más
Arcinega, Rosa. Pedro Sarmiento de Gamboa. Sudamericana. Buenos Aires, 1956.
Barros, José Miguel. “Primer testimonio de Tome Hernández sobre las fundaciones hispánicas del Estrecho de Magallanes”. Anales del Instituto Patagónico, Punta Arenas, Chile, Vol. 9, 1978.
Braun Menéndez, Armando. Pequeña historia austral. Editorial Francisco de Aguirre. Buenos Aires, 1971.
Braun Menéndez, Armando. Pequeña historia magallánica. Editorial Francisco de Aguirre. Buenos Aires, 1969.
Martinió, Mateo. “Nombre de Jesús, una población de ubicación incierta”. Anales del Instituto Patagónico, Punta Arenas, Chile, Vol. 9, 1978.
Saenz Quesada, María. “Pedro Sarmiento de Gamboa, el navegante infortunado”. Todo es Historia, N° 166. marzo 1981.
Sarmiento de Gamboa, Pedro. Viajes al Estrecho de Magallanes. Madrid, 1988. Alianza Editorial.
Taiana, Jorge A. La gran aventura del Atlántico Sur. Navegantes, descubridores y aventureros (siglos XVI-XVIII). El Ateneo. Buenos Aires, 1985.

3 comentarios:

Pau dijo...

Escalofriante relato. Otra que los Pilgrim Brothers!

Anónimo dijo...

dios...me ha puesto los pelos de punta.. pobre gente. no puedo ni imaginarme lo que sería vivir su situación. escalofriante

Anónimo dijo...

muy claro relato de la historia. siempre que lei sobre el tema, era lo mismo y no me dejaba conforme,ahora me queda mas claro.excelente. gracias