miércoles, mayo 17, 2006

Cuando se comieron a Solís

En los comienzos de la conquista y descubrimiento de los actuales territorios de la Argentina y Uruguay, los españoles sufrieron una gran pérdida, bastante sangrienta. La muerte del piloto mayor de España, Juan Díaz de Solís, a mano de los indígenas.

En 1513 se revela la existencia de un mar situado más allá de las tierras descubiertas por Colón, llamado luego océano Pacífico. Esto auguraba la posibilidad de llegar a la India a través de algún paso. En busca de dicho paso partió desde Sevilla, Juan Díaz de Solís.

El 8 de octubre de 1515 salieron de Sanlúcar de Barrameda tres carabelas tripuladas por sesenta hombres. Tras una breve escala en la isla de Tenerife, Solís rumbeó hacia la costa del Brasil con su pequeña armada. Llegaron a la altura del cabo San Roque. Luego continuó hacia el sur, siguiendo la costa brasileña. En los primeros días de febrero de 1516, vieron que la costa doblaba hacia el oeste dando lugar a un inmenso estuario de unas aguas que cambiaban de un color azul verdoso a un rubio barroso. El Piloto Mayor ordenó probar ese líquido cuyo sabor resultó suave y azucarado. Como la extensión de aquella dulzura era enorme, le dieron el nombre de Mar Dulce. Más tarde cambiado por Río de Solís, y finalmente se impondría el actual y mítico nombre de Río de la Plata.

La exploración

Solís decidió explorar el inmenso estuario. Con una de las carabelas comenzó a costear la actual orilla uruguaya a lo largo de ciento cincuenta kilómetros, y llegó a una isla a la cual llamó Martín García, en honor al despensero de la expedición, que fue enterrado allí.

Ven sobre la costa “muchas casas de indios y gente, que con mucha atención estaba mirando pasar el navío y con señas ofrecían lo que tenían poniéndolo en el suelo; quiso en todo caso ver qué gente era ésta y tomar algún hombre para traer a Castilla”. Seducido por estas demostraciones de amistad, o quizá esperando conseguir víveres frescos y hacer algún comercio, Solís se embarca en un pequeño bote hacia la costa con el contador Alarcón, el factor Marquina y seis marineros más. Sabían que más al norte, en la costa atlántica, los indios eran bondadosos y ofrecían a los navegantes, frutas y otros géneros.

Una vez en tierra, en la margen izquierda del arroyo de las Vacas, se adentraron un poco alejándose de la orilla. Los nativos estaban emboscados, esperándolos, y como una avalancha cayeron sobre ellos con boleadoras y macana, y los apalearon y despedazaron hasta matarlos a todos, con la única excepción del joven grumete Francisco del Puerto, que se salvó y quedó cautivo con los indígenas.

La generalidad de los cronistas y otros testimonios de la época añaden que los indígenas descuartizaron los cadáveres a la vista de los que habían quedado en la carabela, y comieron los trozos de los españoles. No faltan modernos historiadores que niegan el hecho, considerándolo falso y como una de las muchas leyendas infundadas que hay en la conquista de América. Pero J. T. Medina logró probar, hace ya muchos años, que en efecto los indios mataron y comieron a los desdichados españoles, utilizando los testimonios de Diego García, y de muchos más, entre ellos los relatos del sobreviviente Francisco del Puerto.

No fueron los charrúas

No se sabe si los indígenas que dieron muerte a Solís y a sus hombres, fueron guaraníes de las islas del delta o los charrúas de la costa uruguaya.

La hipótesis de que los asesinos del descubridor del Plata fueron los charrúas del Uruguay ha quedado fuera del tintero, ya que no habitaban la zona en la cual desembarcó Solís. Los charrúas eran indígenas cazadores y recolectores nómadas, que vivían en las costas del Río de la Plata y del río Uruguay, también practicaban la pesca para lo cual contaban con grandes canoas.

Quedarían los guaraníes, pero los detalles de la muerte de Juan Díaz de Solís, de la manera en que fueron referidos, muestran un canibalismo diferente del practicado por los guaraníes, ya que están ausentes los elementos simbólicos que lo caracterizaban, lo mismo que su ceremonial preparatorio y su forma de ejecución.

Esto indicaría que los autores habrían sido indígenas guaranizados, que asimilaron nada más que algunos rasgos culturales sin aprender la significación global de una institución como el canibalismo de los guaraníes, que se distinguía precisamente por la forma estudiada en que se cumplían las sucesivas etapas conducentes a sacrificar y comer a un prisionero de guerra.

Siempre se aplicaban con el sentido de absorber las virtudes del inmolado, que generalmente era un guerrero hecho prisionero en combate. Todo ese ceremonial no tenía comparación con la manera repentina y precipitada en que, según las fuentes, procedieron los indígenas a matar y devorar en el sitio mismo a los extraños que acababan de desembarcar. Tampoco hay ningún relato de otro acontecimiento similar que hubiera ocurrido en alguna parte del Río de la Plata, por lo que algunos historiadores, como se dijo más arriba, han puesto en duda la veracidad de las narraciones consideradas clásicas. Pero el hecho de que dejaran con vida al joven grumete Francisco del Puerto obedece a las costumbres de sólo comer a los guerreros, dejando fuera a niños y mujeres.

El pobre grumete, abandonado por sus compatriotas, estuvo conviviendo muchos años con los indígenas, hasta que fue rescatado en 1527 por la expedición de Sebastián Caboto. Francisco del Puerto les sirvió como intérprete durante la expedición, pero un día consideró que no era suficientemente recompensado y tramó una venganza. Durante una operación comercial con ciertos indígenas, en el río Pilcomayo, organizó un ataque sorpresivo que infligió muchas bajas en los españoles. Nunca más se supo nada del grumete Francisco del Puerto.

Regreso sin Solís

Los demás integrantes de la expedición de Solís, regresaron a España, menos dieciocho marineros que quedaron abandonados en la isla de Santa Catalina (Brasil), a la cual llegaron a nado tras haber naufragado una de las carabelas.

Estos náufragos iban a tener un papel protagónico en la historia y conquista del Río de la Plata, ya que fueron ellos los que, rescatados por Caboto, dieron comienzo a la leyenda del rey Blanco que vivía en una sierra de plata. Como su nombre lo indica era toda de plata, y estaba en las inmediaciones del inmenso Río de Solís, también bañado de plata. Esta leyenda es la que originó las expediciones al Río de la Plata, todas con el objetivo de encontrar grandes cantidades de plata. Pero la plata de la que tanto se hablaba era la de los incas, en el Perú, y la del Potosí, en Bolivia. En las costas argentinas y uruguayas, sólo había de plata el reflejo de la Luna sobre el río.


Para saber más

Fitte, Ernesto J. Hambre y desnudeces en la conquista del Río de la Plata. Academia Nacional de la Historia. Buenos Aires, 1980.

Gandía, Enrique. “Descubrimiento del Río de la Plata, del Paraguay y del estrecho de Magallanes”. En: AA. VV. Historia de la Nación Argentina. El Ateneo y Academia Nacional de la Historia. Buenos Aires, 2° edición, 1955. Tomo II, capitulo III.

Martínez Sarasola, Carlos. Nuestros paisanos los indios. Emecé. Buenos Aires, 1996.

Medina, José Toribio. Juan Días de Solís. Estudio histórico. Santiago de Chile, 1908.

Rubio, Julián María. Exploración y conquista del Río de la Plata : siglos XVI y XVII. Salvat, 1953.

Villanueva, Héctor. Vida y pasión del Río de la Plata. Plus Ultra, 1984.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Martin, supongo que sabrás que es Wikipedia. Ahi, se puede leer lo siguiente con respecto al buenazo de Juan Dias de Solis y sus muchachos:
"Ingresado desde muy joven en la marina portuguesa como marino, Juan Díaz viajó muchas veces en su juventud hasta la India, donde Portugal poseía colonias y administraba una gran actividad comercial.

Poco satisfecho por lo magro de su salario (muchas veces directamente impago), el joven navegante abandonó la flota lusitana y comenzó a trabajar al servicio de los corsarios franceses. En cierto momento, el buque pirata en el que navegaba capturó un navío portugués que regresaba de la Costa de Oro. Este era un crimen capital en Portugal, por lo que Díaz se vio obligado a pasar a España y nunca regresar so pena de muerte. Como los servicios de un piloto experimentado eran muy requeridos, no encontró dificultades para embarcarse en la flota castellana......
.....Yáñez y Díaz regresaron a España en 1509, pero una grave disputa que tuvieron entre ellos terminó con Solís en la prisión. Sin embargo, los magistrados estimaron que tenía la razón, y lo liberaron al poco tiempo.

El navegante consiguió hacerse amigo del rey Fernando V de Castilla, el cual, por su capacidad y pericia como marino, lo consideró como primer candidato al puesto de Piloto Mayor de Castilla a la muerte del célebre Américo Vespucio (febrero de 1512). De este modo, Solís se convirtió en sucesor del italiano y en almirante de la flota de descubrimiento española.

El último viaje

Versión europea

En 1515, Juan Díaz emprendió su último viaje en la búsqueda del pasaje transoceánico. En caso de encontrarlo, planeaba atravesar el Pacífico hasta alcanzar el Extremo Oriente.

La expedición estaba equipada con tres pequeñas carabelas. El monopolio del comercio con Oriente estaba en manos de la corona portuguesa, que temía perderlo en favor de los españoles y por ese motivo desarrollaba una ingente tarea de espionaje en todos los puertos que su rival pudiera utilizar para enviar expediciones.

Descubierta la proximidad de la partida de Solís, los portugueses intentaron sabotear los tres barcos, lo que falló. No pudieron, por ende, impedir la partida del explorador desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda el 8 de octubre de 1515.

Habiendo alcanzado la costa del Brasil, Díaz navegó lentamente hacia el sur a la vista de tierra, explorando la costa uruguaya e ingresando en el Río de la Plata, una enorme extensión de agua dulce que configura el estuario de los ríos Paraná y Uruguay. Confundiéndolo con un brazo de mar de salinidad inexplicablemente baja, Díaz lo bautizó, precisamente, "Mar Dulce", y pudo penetrar en él gracias al escaso calado de sus tres carabelas.

Hizo escala en la isla Martín García, que bautizó así porque allí tuvo que sepultar a su segundo de ese nombre, fallecido a bordo, convirtiéndose Solís de ese modo en el primer europeo en poner pie en lo que hoy día constituye la República Argentina.

Al desembarcar en la costa oriental frente a Martín García con algunos de sus tripulantes (entre ellos Pedro de Alarcón y Francisco Marquina), Solís y los suyos fueron atacados por un grupo de aborígenes (posiblemente de etnia charrúa o guaraní), que los asesinaron ante la mirada horrorizada del resto de los marinos, que observaron impotentes la masacre desde la borda de los buques, fondeados a tiro de piedra de la costa.

Los sobrevivientes, confundidos al haber perdido a su líder, regresaron inmediatamente a España, adonde arribaron el 4 de septiembre de 1516.

Versión vernácula

El jesuita Lucas C. Marton, quien logró recopilar una importante colección de datos sobre temas diversos en el Río de la Plata a principios del siglo XVII, aclaró que la “…puja de las coronas, por quien primero pisó esta banda del Río de la Plata, habría de quedar dirimida, si reconociesen la histórica verdad, que no pueden ver a causa de sus ambiciones”.

Estando los invasores en una situación privilegiada, era de esperar que otras versiones, aunque serias y documentadas, quedaran de lado si estas no coincidían con sus “ambiciones”. Digno de ser analizado es el relato registrado por este jesuita de origen irlandés, que en nada le afectaban “…la puja de las coronas,…” de España y Portugal.

La narración de Lucas Marton coincide en fecha, lugar, nombres y determinadas circunstancias con la versión europea, pero brinda detalles sustanciales que permiten comprender una realidad diferente.

La descripción atrapante y condensada de este jesuita explica que Juan Díaz de Solís no descendió de su navío. Martín García dirigió la exploración frente a la isla que habría de llevar su nombre, junto a cinco hombres más. Y a pesar de haber sido bien recibidos por los nativos, los marinos violaron a las mujeres, habiendo dado muerte previamente a los hombres que las acompañaban. Sólo dos marinos se salvaron de la venganza de los guaraníes, uno que logró llegar al bote acompañando a Martín García herido de muerte, y un joven grumete que fue tomado prisionero, probablemente por no haber participado en el crimen.

Después de dar sepultura a su “segundo”, Solís abortó la expedición, ordenando el regreso a España. Esta determinación provocó un motín generalizado, probablemente por ver quiénes le acompañaban, destrozados sus sueños de enriquecimiento. Acusado por Francisco de Torres, un pariente, de colaborar con los portugueses a cambio de posesiones y privilegios, Solís fue arrojado al Río de la Plata en un bote que habría de quedar a la deriva.

Al parecer, nada supo la Casa de Contratación en España sobre la violación de las mujeres, el asesinato de indígenas, el motín y el destino del capitán.


Te hago el comentario, que puedes verificar en Wikipedia, porque hay mucho soquete en la vuelta que no se preocupa por buscar toda la verdad, como corresponde a cualquier artículo hisotrico quer pretenda ser catalogado de serio e imparcial

Gustavo

Martín Cagliani dijo...

Gustavo, Wikipedia no es una fuente de nada. Suele tener buenos artículos, pero temas como este están totalmente infundados. En qué bibliografía se basan? Ningún historiador serio tomaría eso en consideración. Se tienen testimonios de primera mano sobre lo ocurrido, y el tal Marton no era uno de los presentes.

Anónimo dijo...

Estimado Martín, supongo que conocerás los episodios en los que valientes soldados americanos, sometieron a un sinnumero de vejámenes a prisioneros irakies. Si no fuera por los documentos gráficos que se obtuvieron, dudo que algun dia se hubiese conocido la verdad. y en algun punto, eso se trató de ocultar.

No me puedo imaginar en la piel de alguien que estaba representando a la corona española, y admietiera alegremente que por el hecho de ver aquellas mujeres desnudas, luego de largos meses de abstinencia, no hubieran actuado por un impulso irracional, entendible en cierto punto, hay que ponerse en la cabeza de esos tipos que venian de mucha represion en cuanto a lo sexual.

La historia por lo general, la cuentan los que ganan las batallas. Y te paso algunos datos del "tal" Marton:
En las Misiones Orientales el padre Lucas había sido químico, botánico, geólogo, astrónomo, arquitecto, ingeniero, músico, políglota, médico, pero nada llegó a cultivar con tanto amor como el estudio de las lenguas aborígenes a las que llegó a dominar a la perfección. Esta condición especial, le sirvió de base para el acopio de relatos, historias y leyendas de mucha de la tradición oral que sobrevivió entre los componentes de las diversas etnias que poblaban el Perú, y el Plata, las actuales Argentina, Bolivia, Paraguay, Río Grande del Sur y el Uruguay.

El sistema comunitario misionero consistía en haber implantado en las reducciones por ellos dirigidas, la disciplina monacal de su congregación, con una separación completa entre ellos y sus subordinados . La mentalidad de aquellos aborígenes preparaban el terreno para que vieran a sus dirigentes más que como a sus semejantes, a santos a igualdad de las imágenes de madera que hacían adorar en los altares. El sometimiento era absoluto, la ley, el trabajo, el amor y la justicia eran regidos por sus Padres. La voluntad no existía, el confesionario destruía toda idea o tendencia en desacuerdo con la comunidad. Uno de los grandes privilegios que encontraba el indio en aquel ambiente, era el ser elegido para la servidumbre de Iglesias y conventos, el contacto con los amos los eximía de pesados trabajos, pues sabido es que, la comunidad exigía la cooperación de todos los feligreses desde la edad de cinco años en adelante, para beneficio de la colectividad.

El carácter del padre Lucas y hasta la rebeldía contra el proceder del régimen impuesto por sus superiores para la organización que querían implantar en aquel medio, le daban una aureola especial entre el elemento aborigen, pues a simple vista resaltaba la simpatía que volcaban hacia él la mayoría de los caciques y la indiada de ambos sexos que formaban la totalidad por él dirigida.

Gustavo

Anónimo dijo...

La historia es un cachondeo..un cotilleo..nunca te enteras de la verdad

Anónimo dijo...

Juan del Puerto...sería del Puerto de Santa María ? Que historia !!

Anónimo dijo...

Wikipedia no es fuente de nada, yo entro y pongo la bandera de españa la hizo amaro y eso queda! es un chiste. Cualquiera edita, y si piden fuentes con un blog basta!!!

Anónimo dijo...

Hola Gustavo, muy interesante.
Sería muy bueno contar con la fuente de lo que escribís allí.
Así y todo no significa que pueda ser verdad pero ayuda a ponerlo en contexto.
Saludos.
Hernán

Anónimo dijo...

Algo similar pudo haber ocurrido con Magallanes. Seguramente El Cano se amotinó con la tripulación, abandonando o dándole muerte a Hernando. El bueno de Sebastián coronó la vuelta al mundo y culpó de la desaparición de su comandante a los indígenas de las Molucas...

Matías

Lavalleja Lavalleja dijo...

Estoy tratando de encontrar vestigios que indiquen el lugar de del rancherio, que fuera abandonado por los idigenas dies años depues de la muerte de MARTON. De lograr alguna evidencia me comprometo a compartirla. lavallejasastre@gmail.com A las ordenes.