lunes, octubre 29, 2007

Los espías de Los Andes, durante la campaña de San Martín

La campaña de los Andes que estaba preparando San Martín en 1816 no se podía planear sobre la base de ideas, había que manejarse sobre terreno seguro. Por eso mismo San Martín contó con los profesionales del secreto, a fin de rastrear pasos desconocidos en la cordillera que le permitieran una marcha tranquila en su cruce de los Andes. No solamente esto, sino que los espías le permitieron saber las claves militares del enemigo, guardias y hasta el estado psicológico de los pueblos a los que iba a liberar.

El propio gobierno de Buenos Aires le recomendó a San Martín la utilización de espías. El Director supremo Ignacio Álvarez Thomas le decía a San Martín el 10 de mayo de 1815, que "en acuerdo de esta fecha he resuelto que los oficiales D. Diego Guzmán y D. Ramón Picarte pasen al Estado de Chile con el importante fin de promover en él la insurrección contra el gobierno español, y que informen a usted de cuantas noticias crean interesantes...”.

Este Diego Guzmán, bajo el seudónimo de Víctor Gutiérrez, fue uno de los mejores agentes de San Martín en Chile y logró enviar al Libertador una lista muy completa de la tropa, armamento y disciplina del enemigo. También le pasaba los nombres de los oficiales enemigos de mayor influencia, y el panorama general de Chile, en cuanto a organización política.

Como no había muchos agentes capacitados, San Martín adopto dos sistemas clásicos de inteligencia: el celu-lar y el radial. Con el sistema celular podía encarar operaciones en áreas grandes y flexibles, se utilizaba para buscar información sobre el ejército hispano. El segundo sistema sólo lo aplicaba para misiones muy especiales en lugares distantes o de difícil acceso.
Un ejemplo del sistema radial son las operaciones de Juan Pablo Ramírez, alias Antonio Astete; que informó a San Martín sobre varios detalles de sumo interés sobre el terreno donde se llevaría a cabo la batalla de Chacabuco.

El sistema celular o de células fue el más usado y consistía en centros de espionaje divididos en células, las cuales se situaban en las casas de patriotas chilenos que tenían la confianza de los españoles. En ciudades como Santiago, Coquimbo, Concepción, Talca y Curicó.

¿Quiénes eran?

Los agentes eran por lo general emigrados chilenos, muchos de los cuales pertenecían a familias de clase alta, y eran voluntarios en estos trabajos. Esto facilitaba la infiltración.

Grandes espías fueron Manuel Rodríguez, alias El Español o Alemán; Antonio Merino, alias El Americano; Jorge Palacios, alias El Alfajor; y muchos más. Estos no tuvieron un lugar en los manuales de historia, pero gracias a ellos se llevó a cabo el gran cruce de los Andes con todo éxito.

Manuel Rodríguez fue tal vez el mejor de los espías de San Martín; era abogado. En su desempeño como espía se encargó de enviar informes sobre la formación y actividad de los ejércitos hispanos, organizaba células de espionaje y subversión. Su cabeza tenía precio, y bastante alto. Participó en la batalla de Maipú; murió asesinado por un oficial español el 26 de mayo de 1818.

Otro de los grandes agentes de San Martín fue Domingo Pérez, el cual se encargaba, bajo la cobertura de un hombre de negocios que viajaba entre Chile y Mendoza, de los enlaces entre el mando de San Martín y las células infiltradas en territorio enemigo.

El engaño

No sólo se organizaban redes de espionaje con el fin de conseguir información, sino que también se engañaba al enemigo, mediante señales e informaciones falsas. La intriga política.
Un ejemplo curioso de la intriga política, es el del Dr. Antonio Garfias. Éste, que era un agente prorealista, El 23 de enero de 1816 se fuga de Buenos Aires. El gobierno se enteró de que se dirigía a Chile. Los conocimientos que tenía Garfias sobre el estado de las Provincias Unidas del Plata era muy bueno, así que por eso el gobierno temió su divulgación. Por carta se dan instrucciones a San Martín de que desprestigie a Garfias en Chile mediante sus agentes. "Haga usted esparcir la voz -dice el comunicado- por medio de sus agentes en Chile, de que este individuo lleva comisión reservada de este gobierno y oportunamente remita V. S. al mismo algunas cartas con instrucciones aparentes, a fin de que caigan en manos de Osorio (el enemigo). Garfias arrojará contra sí la presunción de ser americano y esta circunstancia puede favorecer el proyecto...". No necesito aclarar qué pasó con el pobre Garfias.

San Martín también enviaba correspondencia falsa sobre sus propias informaciones. Esto se hacía enviando correos, bajo la estricta orden de no resistirse ante el enemigo, con planes falsos de invasión. De esta forma Marcó del Pont, jefe español en Chile, dudó del lugar desde donde iba a llegar la invasión del Ejército de los Andes, ya que muchos correos capturados marcaban la parte sur de la cordillera como la mejor para el cruce.

San Martín también utilizaba a los indígenas para su campaña de informaciones falsas, ya que éstos estaban en contacto con los españoles y eran incapaces de mantener un secreto. Se les contaba detalles de los planes sabiendo que en pocos días estarían a oídos de Marcó del Pont.

Dobles agentes y contraespionaje

También estaban los famosos agentes dobles. Eran espías españoles que respondían al mando del sacerdote hispano Francisco López, que era espía de Marcó del Pont. Pero San Martín, cuidadosamente, los había dado vuelta, y les mandaba escribir informes que él mismo redactaba. De esta forma Marcó del Pont recibía cartas falsas a través de sus propios agentes.

La seguridad y el contraespionaje estaban bien cuidados por San Martín. Tenía todos los pasos a Chile vigilados, y nadie entrar en Chile sin tener un salvoconducto firmado por él. Logró detener y ubicar a muchos espías enemigos de esta forma, entre ellos al célebre padre López.
Un caso de contraespionaje lo tenemos en Miguel Castro, un sospechoso detenido en un puesto avanzado de la cordillera. Castro se hacia pasar por minero, pero al no poder justificar esa profesión, se lo mandó a Buenos Aires. Allí fue interrogado y se constató que no era ningún minero. Los espías eran casi todos voluntarios ad honorem, eran muy pocos los mercenarios que lo hacían por dinero, la gran mayoría lo hacía por puro patriotismo. De todos modos San Martín les mandaba dinero para comprar soplones y para gastos. No se sabe si utilizaban códigos, claves, cifrados o alguna otra forma de disimular el mensaje, pero no sería extraño que lo hicieran. Los españoles lo hacían utilizaban un sistema simple que consistía en remplazar las letras por números, separando las palabras con comas, y poniendo puntos en cualquier lado solo para despistar.

La correspondencia se llevaba por medio de caballos y mulas, pero también existen pruebas de que utilizaban palomas mensajeras: "...vuestra correspondencia ha de continuar si no por esa vía será por los aires..." dice el agente Segovia en una carta enviada a San Martín.

Los españoles también tenían espías, y los utilizaban con abundancia. En 1814 Belgrano identificó a uno, un tal Ramón quien se había hecho pasar por enfermo y había conseguido un pasaporte firmado por el mismo creador de la bandera. San Martín arrestó también a varios espías españoles.

Gracias a todos estos héroes anónimos se evitaron muertes innecesarias, campañas fracasadas y el predominio del poder español en estas latitudes.

Para saber más
Alonzo Piñeiro, Armando. La historia argentina que muchos argentinos no conocen. Buenos Aires. Depalma, 1992.
Cañás, Jaime. “Los espías de San Martín”. En: Todo es Historia. Buenos Aires, N° 16, agosto de 1968.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente trabajo sobre los espías utilizados por San Martín previa a su campaña en Chile. Como chileno, sin embargo, debo aclarar que uno de los espías mencionados, Manuel Rodríguez Erdoiza, no es el "héroe anónimo" que se plantea. Es un héroe nacional sumamente reconocido y uno de los más queridos de nuestra historia temprana. Sus hazañas como guerrillero (uno de los términos con el que se le conoce en nuetro país) y espía de San Martín han sido transcritas en múltiples relatos e incluso novelas, siendo elogiado por grandes poetas nacionales, entre ellos Pablo Neruda (con su "tonada para Manuel Rodríguez"). Su muerte fue harto más dramática que la se esboza en su relato: una vez que los patriotas derrotaran a los realistas en Maipú, su figura molestó a algunas de las nuevas autoridades patriotas -como O'Higgins- y, a pesar de un apoyo inicial de San Martín -quien le tenía aprecio- fue abandonado a su suerte y asesinado por la espalda cuando lo llevaban arrestado a un supuesto juicio. Esto ocurrió en el valle de Til Til, donde existe un monumento que recuerda este hecho.

Martín Cagliani dijo...

Gracias, Anónimo, por ampliar los datos, la verdad que da para hacer un artículo con cada uno de aquellos grandes espías que ayudaron en la tarea de independencia.

Ernesto Guajardo dijo...

También existe el trabajo de Jaime Cañás, Qué hicieron los agentes secretos en el Río de la Plata, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1970, 151 p. (Colección Esquemas Históricos, II)

¿Sabes de un documental llamado "El espía de San Martín"?

Martín Cagliani dijo...

No conozco ese documental. El libro tampoco lo conocía, así que te agradezco el dato.

Ernesto Guajardo dijo...

El libro lo busqué muchísimo tiempo, para encontrarlo finalmente casi como un accidente, en un cajón de libros usados.

El documental entiendo que se transmitió por un canal de cable, argentino, hace un par de años.

adam dijo...
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la memoria de nuestro pueblo dijo...

Revista La Memoria de Nuestro Pueblo
Rosario, Argentina.
Año V, Número 46
revistalamemoria@yahoo.com.ar
Sumario:

Los hechos de violencia antisemita de enero de 1919 en la visualización de sus contemporáneos, por Fernando Cesaretti y Florencia Pagni. Escuela de Historia. Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario.

Los judíos textiles de Villa Lynch y el I. L. Peretz. 1º parte, por Nerina Visacovsky. Escuela de Historia y Política de la Universidad Nacional de San Martín.

La Democracia y la sombra del Proceso, por Luis Alberto Romero. Departamento de Historia. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Centro de Estudios de Historia Política de la Universidad Nacional de San Martín.

Los orígenes de la Refinería Argentina, por Jorgelina Bernasani. Escuela de Historia. Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario.

¿"Traidores" o "renovadores"? El primer peronismo sin Perón (1955-58). Última parte, por Raanan Rein. Centro de Estudios Internacionales y Regionales de la Universidad de Tel Aviv, Israel. Miembro de la Academia Nacional de la Historia de Argentina.

La situación de Montoneros entre fines de 1970 y comienzos de 1972. Última parte, por Lucas Lanusse. Doctorado de Historia. Universidad de San Andrés.

La Cuestión social, por Angela M. Tuttolomondo Muncharáz. Escuela de Historia. Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario.

Acerca de la política de relocalización indígena en el área pampeana: el caso de los indios Quilmes (fines del siglo XVIII). 1º parte, por Florencia Carlón. Departamento de Historia. Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Memoraciones:
Rafael Alberti: ”Galope"/"Balada del que nunca fue a Granada"

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Alberto Gamarra Gonzalo dijo...

Hola:
Acabo de encontrar tu bitácora por casualidad y me ha encantado. Del contenido de muchos de tus posts solo tenía una ligera idea. Te he enlazado en mi blog.

Saludos

Alberto Gamarra Gonzalo

Anónimo dijo...

La independencia es un mito, les hicieron el caldo gordo bien gordo a Inglaterra...........