miércoles, octubre 03, 2007

¿Ayuda indígena durante las Invasiones Inglesas a Buenos Aires?

Como vimos en el capítulo anterior, el 27 de junio de 1806 un ejército inglés de más de mil quinientos hombres y cuatro piezas de artillería conquista Buenos Aires, una ciudad que al momento contaba con no más de cuarenta mil habitantes. La ciudad es reconquistada el 12 de agosto del mismo año por las fuerzas locales: dos mil quinientos hombres al mando de Santiago de Liniers.

Lo que muy pocos saben es el papel que jugaron los indígenas en las Invasiones Inglesas. Cuando hablo de los indígenas, no me refiero a los que integraban los cuerpos voluntarios que se constituyeron para resistir al invasor y que vivían y trabajaban en Buenos Aires. Éstos contaron al menos con dos agrupaciones principales: Indios, Morenos y Pardos (con cuatrocientos veintiséis hombres en 1806) y cuerpo de Indios, Morenos y Pardos de Infantería (con un total de trescientos cincuenta y dos hombres). Pero de ellos no se trata este artículo. Sí, de los indígenas libres de la provincia de Buenos Aires, cuyos caciques concurrieron al Cabildo de Buenos Aires a ofrecer su ayuda en la lucha contra el invasor.

Estos indígenas eran los tehuelches que habitaban la Pampa y la Patagonia, y luchaban constantemente con los araucanos provenientes de Chile.

Una visita inesperada

Cinco días después de la rendición de los ingleses, el 17 de agosto de 1806, mientras los miembros del Cabildo trataban sobre los problemas del momento, "... se apersonó en la sala (dice el acta correspondiente a la fecha) el indio pampa Felipe con don Manuel Martín de la Calleja y expuso aquel por intérprete, que venía a nombre de dieciséis caciques de los pampas y cheguelches a hacer presente que estaban prontos a franquear gente, caballos y cuantos auxilios dependiesen de su arbitrio, para que este I. C. echase mano de ellos contra los colorados, cuyo nombre dio a los ingleses; que hacían aquella ingenua oferta en obsequio a los cristianos, y porque veían los apuros en que estarían; que también franquearían gente para conducir a los ingleses tierra adentro si se necesitaba: y que tendrían mucho gusto en que se los ocupase contra unos hombres tan malos como los colorados...".

Los cabildantes agradecieron el ofrecimiento y pidieron a Felipe que comunicase a los caciques que harían uso de la oferta "en caso necesario y la tendrían muy presente en todo tiempo". Y, además, se le dio al cacique Felipe tres barriles de aguardiente y un tercio de yerba mate. Una forma de dejarlo contento sin ofenderlo.

Al mes, los indígenas vuelven al Cabildo. Esta vez Felipe acompaña al cacique pampa Catemilla. Ratifican la oferta anterior "y expuso que sólo con el objeto de proteger a los cristianos contra los colorados [...], habían hecho las paces con los Ranqueles, con quienes están en dura guerra". La escuadra de Popham seguía en el Río de la Plata esperando refuerzos, pero los cabildantes otra vez agradecen la ayuda ofrecida; les dicen que los llamarán en caso necesario y le entregan un regalo como a Felipe el mes anterior.

En otra sesión, el 22 de diciembre, se presentan diez caciques. Los cabildantes les dicen a los indígenas que "la fidelidad, amor y patriotismo de las numerosas y esforzadas tropas que en cuerpos se hallan formadas, aseguran la defensa de esta hermosa capital y por lo mismo sólo os encomiendan hoy el celo y vigilancia de nuestras costas, para que los ingleses nuestros enemigos y vuestros a quienes llamáis colorados, no os opriman ni priven de vivir con la tranquilidad que disfrutáis y os profesan las mejores y más benignos de los Soberanos del Mundo."

Siguen las visitas

Como si fuera poco, el 29 de diciembre se presentan los caciques Epugner, Errepuento y Turuñanquu que ofrecen además de su colaboración, la de los otros caciques: Negro, Chulí, Laguini, Paylaguan, Cateremilla, Marcius, Guaycolan, Peñascal, Lorenzo y Quintuy. Ofrecen hombres y ayuda.

Los caciques estaban dispuestos a no ser menos unos que otros en cuanto a ofrecer ayuda. Dos meses antes de la segunda invasión inglesa, en abril de 1807, se presenta el cacique Negro de Patagones a ofrecer su ayuda y la de otros jefes que lo acompañan.

A pesar de tantos ofrecimientos de ayuda indígena y los agradecimientos de españoles y criollos, la alianza no se concreta. Los gobernantes desconfiaban de los indígenas y los despreciaban. Esa desconfianza fue la causa de que no se los convocara para la lucha contra los ingleses durante la segunda invasión inglesa.

Los refuerzos ingleses llegaron, y desembarcaron en junio de 1807 en Ensenada. Esta vez eran muchos más, cerca de diez mil hombres al mando de John Whitelocke. Buenos Aires estaba preparada, con una fuerza de siete mil hombres comandados por Liniers, el héroe de la reconquista. La ciudad entera combatió; un soldado inglés dijo que cada chico, cada mujer, cada vieja y cada casa eran su enemigo. Las calles de Buenos Aires fueron el campo de batalla, un infierno. Los invasores fueron vencidos a un gran precio. Los "colorados" dejaron definitivamente sus ideas colonialistas con Buenos Aires.

¿Hacía falta que la ciudad se convirtiera en un infierno? ¿Que los campos fueran devastados por el enemigo? ¿Se habría eliminado a los ingleses antes con la ayuda indígena? Nunca pudo saberse debido a la desconfianza que tuvieron los cabildantes de los indígenas, y al temor que provocaba la idea de tener veinte mil indios y sus caballos dando vueltas por la ciudad, por más “amistosos” que quisieran parecer.

Para saber más
Archivo General de la Nación [Argentina] – Acuerdos del extinguido cabildo de Buenos Aires. Serie 4: t.2 - libros 59, 60, 61 y 62, 1805 a 1807. Archivo General de la Nación, 1926.
Cordero, Héctor Adolfo. En torno a los indios en las Invasiones Inglesas. Buenos Aires, La Prensa, suplemento cultural, junio 1971.

4 comentarios:

Pau dijo...

Muy buena síntesis de un interesante punto que daría para unas cuantas reflexiones.
Creo que es importante reconstruir la imagen del indio, tan deformada por los prejuicios que aún hoy impide a la gente mirarlos (aún en la historia!!) con respeto. Se sigue creyendo que eran unas bestias sin sentido del honor ni valores, unos bárbaros que se merecieron el trato inhumano y deshonroso que le dieron nuestros antepasados, lo cual es, paradójicamente, una barbaridad.

Sabrina Cacciatore dijo...

Me interesa mucho este artículo ya que tiene mucho que ver con la elaboración de mi Tesis de profesorado. Me Gustaría saber si podes facilitarme las fuentes, ya q las necesito para la fundamentación.
mi mail es cachi_cala@hotmail.com

Martín Cagliani dijo...

Hola, Sabrina!
Las fuentes están ahí abajo de todo del artículo. Igual que en el otro que comentaste sobre Lucía Miranda, no me guío por diccionarios, sino por fuentes de verdad ;)

Anónimo dijo...

Hola:
Me interesaría saber si tiene información sobre el papel que jugaron los negros durante las invasiones.
Muchas gracias.
MARTINALDALUR@GMAIL.COM